domingo, 8 de mayo de 2011

EDAD MEDIA (...como de 30 a 40)

Hoy he salido a la calle y de repente...

¡Aargh, qué sol es este, que deslumbra mi visión!...




Y es que por fin ha vuelto un sol de justicia, de hecho Santa Eulalia se asemeja hoy a esa localidad veraniega que siempre había conocido, repleta de veraneantes alemanes e ingleses.






Apuntar, por otro lado, que este fin de semana me socialicé un poco: volví a comer en casa de mi tía de Eivissa, y luego me repantingué en su sofá, donde fuí quedándome dormido...






...y donde acabé soñando con esta isla pero en su época más medieval; con personajes y objetos hace mucho tiempo desaparecidos.
























(aunque un momento.... ¿qué hace esta tipa manejando un teléfono móvil en plena Edad Media?...).






La Feria Medieval de Dalt Vila no es ningún sueño, y ciertamente podía representar una pesadilla encontrar a Fernando -el único conocido que tengo en la ciudad, y con quien me había citado al atardecer de ayer sábado-, entre las ingentes multitudes.

Un centenar de puestos y pasacalles iban ascendiendo de tramo en tramo hasta la catedral misma.

Sin duda debo haber visto muy pocos mercados medievales, y además muy cutres en el transcurso de mi vida, porque este sin duda me pareció impresionante (y tan solo se celebra una vez al año).






Los productos expuestos iban mucho más allá de los que yo había visto nunca; ya en Madrid, ya en cualquier otra parte.



Bueno, estos los encuentras con más asiduidad







Bien, todo depende en realidad de la perspectiva adecuada...


Y al fin encontré al mencionado Fernando, junto a sus dos hijos, justo antes de que nos cayera encima una breve tormenta.

Qué impagable es esa sensación de frescor posterior a la lluvia.






Las calles de Dalt Vila son fáciles de amar, pero aquellas que quedaban vacías, paralelas a las ocupadas por las multitudes, poseían una cualidad dulce; como cuando estás en primavera, pero ya se adivina el verano.










Pero lo mejor vino al ser recibido en casa de Vicent y Sonia, encantadores amigos de Fernando, quienes tenían preparada una fuente de mojitos, amén de una excelente conversación.

(Vicente es ex-camarero, y se nota).






Nunca había visitado el interior de una afortunada casa en pleno Dalt Vila, y me pareció casi tan deliciosa como la simpatía de los propios anfitriones (¿verdad, Rocío?).

Sí: necesitaba un día así, en compañía de gente de mi edad. Rondando una edad media entre los 30 y los 40 y pico años. Buena charla, etc.



Balcón



Tras despedirnos, descubrí parte de la muralla luminada en tonos morados... (lo juro, Esther).






...Y al regresar a Santa Eulalia, la bahía amenizada por un castillo de fuegos artificiales, sobre el mar, idiota, el mar.




Así que este sábado ha sido encantador, aunque la lucha por la supervivencia ha de continuar mañana, como siempre.

¡Cuidáos muuuuuuuuuuuuuuuucho! MUAC!!

miércoles, 4 de mayo de 2011

SANTA EULALIA DEL RÍO BRAVO

¡Hola de nuevo! Espero que estéis bien. Ayer cometí un ligero error de cálculo: atraído por la animación de un pub inglés, me bebí dos pintas de cerveza mientras veía el partido del siglo, que en el fondo me importaba bien poco.


Clic!


Resacoso a lo tonto, sin necesidad, recibí un mensaje de una de mis alumnas, alegando problemas personales que le impiden comparecer, de momento; y pr cierto que la otra chica a quien daba clases de conversación no responde ni al teléfono. Solo me queda un alumno.

Tengo que hacer cuentas, ahorrar como sea. Me quedé en casa casi todo el día; ví que salía el sol, pero ni eso me consolaba...





...así que me he dedicado a buscar trabajo en Internet como un loco, mirada vidriosa, sentidos abotargados.






Con lo que no ví el mar, el idiota, el mar, hasta las ocho y media de la tarde.

Él, o ella, abren veinticuatro horas, pero no conviene prescindir de su presencia. Acompaña. Consuela.






Mis vacilantes pasos me aproximaron a la piscina. El alcohol deprime. Quería al menos hacer un poco de ejercicio.



Ñiec... Ñiec... (sonido de articulaciones renqueantes)



Y si la nostalgia es morada, hoy he podido encontrarla incluso dibujada en los árboles...





La resaca le impide a uno distinguir la madera de la piedra, todo es una espesa capa compacta, tan embotado está uno.






Y hasta los paisajes que uno fotografía, sin saber por qué, parecen contagiados de eso. Es una bonita isla, pero la gente no es tan acogedora...




Ya de noche, las lucíernagas se adueñan de la población...






...y tan solo el comprobar que emiten en la tele uno de mis westerns favoritos consigue animarme el panorama.







...pues el sheriff borrachín resiste la prueba, pese a sus debilidades.










¡Salud! Cuídaos mucho. Disfrutad de vuestra mutua compañía tod lo que podáis. Y si bebéis, no conduzcáis...





lunes, 2 de mayo de 2011

PONIÉNDOSE MORADO

Tras diez días de disfrute en Madrid, y regresar acompañado a la isla, he descubierto que la soledad vivía sola conmigo hasta ahora, y que era autosuficiente y se bastaba a sí misma, creyéndose tranquila, en reposo...

Pero cuando alguien te acompaña por aquí, y ese mismo alguien se ausenta después, dicha soledad se acrecienta y cobra conciencia de sí misma, dejándote expuesto, tornándose nostalgia de color morado.


La nostalgia era esto.

No tan es sencillo, entonces, dejar de mirar atrás, pese a vernos obligados a adaptarnos de nuevo a nuestro ritmo habitual, búsqueda de trabajo, etc.





Y como además hizo muy mal tiempo, y no tuve demasiadas clases que dar, uno, medio atontado, se conformó con cualquier cosa que pudiera alzarle el espíritu, digamos unas bodas reales que tuvieran a bien ofrecerle...






Creyendo ver la imagen de su reciente acompañante en ángulos y resquicios improbables, como un espíritu cariñoso que retornara.




O como el personaje de un sueño, que me hablara de los días transcurridos junto a él.


(o ella...).



Sueños capaces de adquirir formas surrealistas...





Por cierto, que almorzar aquel tupper ware que pedimos juntos en Cala D´Hort, pero a solas, en una triste sartén, representa una de las formas más inesperadas de tristeza.






O, siendo Esther tan chica de herbolario, verse racionando todos esos productos naturales que ella adquirió, como para que duren más...





Y no poder brindar bajo el sol, ya que en el recuerdo este siempre es más duradero que en la realidad.




O la cualidad azul del mar, idiota, el mar; o la presencia de una simple mano, adquieren significados que en el presente no advertimos, distraídos en hacer lo que hiciéramos entonces, durante el siguiente minuto... y que ya hemos olvidado.






La memoria, en cambio, lo congela todo, y hasta las calles parecen detenidas en ella, sin que un alma las frecuente ya más.







De manera que, además, Santa Eulalia celebra sus fiestas, pero siempre hubo algo definitivamente ajeno en las más modestas atracciones de feria, como un solo de trompeta.



Porque de noche te acercas a echarle un vistazo a la actuación de Carlos Baute -donde te has citado con alguna de las pocas amigas que tienes por aquí-, pero incapaz de comprender la situación, retornas a casa enseguida...






Y al día siguiente, todavía envuelto en tu fase "Cumbres borrascosas", que es una pesadez, frecuentas villas derruidas, como espejo de lo que sientes...






..Y poco a poco vas reencontrando el ánimo suficiente ante el espectáculo, sorprendentemente discreto, de una barriada sosegada, repleta de casas variopintas y sugerentes...













Y culminas la jornada en la heladería que han abierto abajo de casa, y te ventilas todo un señor "Golosito".





Sabiendo que los días tienen que ser variados, de todos los colores, morados, rojos, blancos... pues no hay otra opción.






(y ya de noche, volver a ver el resumen de la semana).


("¡Que se besen, que se besen!...").




Hasta desprender a la tele de sus antenas, para retornar así a este lunes de mayo...



Hey, mañana será otro día...



¡Mil besos!