martes, 2 de agosto de 2011

ES VERDAD

Dedicado a quienes se hallen interesados por emplazamientos atractivos, asombrosos y nuevos en esta isla de mis entretelas como es Ibiza.






Un lugar muy especial, de acceso algo complicado aunque asequible, y una de las sorpresas más agradables para este que suscribe, y desde que vino por vez primera, a sus trece años.






Si tomáis aquel desvío anterior a Cala D´Hort (tan visitada), que dice "Sa Pedrera", descubriréis un camino de tierra, primero, y un descenso obligatoriamente a pie y a través de piedra y de bosque.

Y después y finalmente, de duna...






El descenso es algo escarpado, y demoraréis unos 25 minutos en alcanzar el mar. Paciencia.

Al parecer no suele abundar allí tanta gente (pero hay quien acampa alrededor por las noches).

Al principio no se distingue bien su fisonomía, pero...









Pero luego comienzas a comprender.

Y es maravilloso.

Estamos hablando de una cantera que conecta directamente con el mar, y utilizada en tiempos de los romanos (con el fin de construir, por ejemplo, la muralla de Dalt Vila, en la propia Eivissa).






Nunca dejaréis de hallar terreno juguetón, pero llevad buen calzado, y ya está.







¿Not bad, eh?



El agua es cristalina y si no habéis olvidado las gafas de bucear, disfrutaréis de unos fondos harto generosos en bancos de peces.






Pero esa piedra arenisca es la que te rodea y cautiva. Todo el mundo parece haber dejado su huella por allí alguna vez

(por no hablar de los sillares, tan antiguos, en los que aún se distingue a la perfección la antigua presencia de cada baldosa).











(?!)










Los romanos llenaban sus barcos de material, ya tallado, y se dirigían más tarde a destino.









Y para quien desee pernoctar por allí, nada mejor que contar con la tutela del mismísimo (e ibicenquísimo, en ocasiones hasta el hartazgo) Buda.









La subida, trabajosa, nubla un poco la vista.






Pero solo Eugenio, el afable fabricante de mojitos (tres a cambio de diez euros; ¡sale económico!), es capaz de bajar y subir día tras día. No hace negocio, dice, solo que simplemente se le antoja el mejor lugar de toda la isla.








Eugenio no es tonto, pues sabe que a unos diez minutos de Sa Pedrera se encuentra el mejor atardecer de todos (justo frente a Es Vedrá, pero en lugar muy elevado).







De hecho, al borde de todo un señor precipicio.






(Ciao, Bianca)







Algunos desaprensivos sonrientes desafían ese abismo...






...mientras aguardan a que Eugenio les prepare otro "golpe".






Cerca de aquí vivió Mike Oldfield, y en los años setenta muchos vivían convencidos de que sus excelentes vibraciones congregaban... ovnis.






Y he oído que Alejandro Amenábar, una noche, contempló dicho cielo y deseó rodar "Ágora".







Es Vedrá. Mi enclave predilecto.

Venid a verlo algún día.


¡SALUD!




viernes, 29 de julio de 2011

AGUDEZA VISUAL


Veo las rocas.






...Y veo que, efectivamente,  el homeless de la bahía de Santa Eulalia ya no se conforma con la acera para dormir la mona.







Veo que, a lo mejor, el tipo no recuerda dónde ha dejado aparcado el coche la noche anterior

(aunque lo veo improbable).






Veo a un alumno de las clases de inglés entrando en casa my contento.






Veo cómo una pasajera del bus graba disimuladamente a su amiga con el móvil mientras esta ronca.






Veo a la gente preparándose para contemplar el famoso atardecer de San Antonio.




Y veo el atardecer mismo. Y que se acerca un objeto volante sí identificado.











Veo cómo la discoteca Space organiza vuelos para parejas beodas.








Veo a alguien cuya cara me es familiar, y que me saluda agradablemente.




Veo al fin, en mi memoria, que es aquel mismo chico con quien coincidí en el aeropuerto, un mes atrás, y que acariciaba una bola ensimismado.








Veo que, al ser encargado de la terraza más poblada, me invita a una copita de champán.








Veo un pinar en Es Canar, y a la gente poniéndose como el kiko.






Veo las muestras del concurso de paellas celebrado apenas una hora ha.








Veo que es gratis. No veo la manera de decir "no".








Veo que, para postre, cortan sandías sin descanso unos tipos que parecen salidos de Buenavista Social Club.







Veo a una señora que no se atreve, no se atreve...







Y luego veo a otra, de origen francés que, algunos metros más allá, reparte trocitos de sandía entre las ovejas que ha descubierto, encantada.





(ver a las ovejas peleándose por la sandía no es cualquier cosa).





Veo a dos fieles perros aguardando a que su dueña acabe su baño vespertino en las inmediaciones de Cala Pada.








Veo que uno parece decirle al otro al oído: "Oye, ¿no está tardando mucho en salir hoy?...".








Veo cómo se convierten en la misma figura.








Veo que el amor por su dueña solo puede experimentarla un perro (¿alguien ha visto, alguna vez, a un gato esperar a alguien?).










Veo, ya en Madrid, un atardecer de mediados de julio, en Móstoles.








Veo que en el centro cultural de Móstoles también se hace paella.






Veo el atardecer de Madrid. Y en una semana volveré a verlo.





Veo que no había escrito hacía ya un tiempo.

¡Muchas ganas de veros, como siempre!